Odisea

Cuando la miel pasa
por tus dedos
y muere en tu boca,
la serpiente está lista
para reptar hasta
mudar su piel,
y reemplazarla por
un plumaje de llamas
y agua.

Y caen hasta los vellos
de tus brazos,
y no tropiezan hasta que
los imperdibles se entrelacen
y la hormiga sea incapaz de encontrarlos.

Muerde la manzana y el licor
hechos de vendajes derretidos
con la selva en tu pies,
y el anhelo en tu aliento de sal.
Vuelve en las treces,
a perderte en las marcas de su azul.

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