Déjame sentir
el carraspeo de las hojas
el canto de las flores
y el viernes de cada domingo.
Búscame un par de besos que sepan a canela,
que bailen con el agua
y que no dejen de sonar.
Somos
como un otoño en el cielo, llenos de marrón
y de seco.
En un segundo te encuentro con tréboles sobre la mesa con un filtro color celeste
y con el papel a medio acabar.
Déjame sentir
el vaivén de tu mirada que susurra en un suspiro y me dice hasta mañana.
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