Estaba escuchando al mar.
O a ti.
Dos pedazos del paraíso,
hundidos entre las olas.
Dudaba si era mentira.
Una carrera entre el océano,
tu voz
y los ángeles.
Ahogándome en la melodía
de las nubes arropándote en tu lecho.
Pero en casa,
a solas,
no puedo volver a escuchar,
ni a escucharte.
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